13 febrero 2014

Mentes Criminales en la Comarca (Parte 2)

Ingo Sotomontoya en Mentes Criminales de la Comarca
Ingo Sotomontoya era un hobbit bastante alto y fuerte para ser un hobbit. Todavía era un jovencillo que apenas había sobrepasado la veintena durante los acontecimientos de la Guerra del Anillo, aún así, participó activamente durante el Acantonamiento de la Comarca. Su valor y su dedicación le hicieron valedor de ser uno de los primeros Oficiales nombrados tras la guerra por el Thain Peregrin. Aunque las Casas de los Oficiales que se habían construido para ampliar el Cuerpo de Policía durante la estancia de Zarquino en la Comarca fueron derruidas en su mayoría, algunas de ellas se conservaron, y el Cuerpo continuó trabajando durante los pacíficos años que se sucedieron al Saneamiento, para continuar con la labor habitual de la Policía antes de la Guerra, que bien se podía resumir en mediar en disputas de granjeros que habían bebido demasiada cerveza en el Dragón Verde o que no se ponían de acuerdo sobre las lindes de su terreno.

Hasta los sucesos que tuvieron lugar en el inicio del año 14 de la Cuarta Edad, que movilizaron a la compañía de Fumadores de Bree Ilustres.

El Oficial Sotomontoya había sido quien había dado el aviso a Akerbeltz, y se encontraba hablando con él cuando llegó un jinete al galope y se detuvo frente a la Casa de los Oficiales. Siguió como pudo las grandes zancadas que daba el extraño ser cornamentado y apenas pudo apartarse a tiempo de su paso cuando volvió a entrar con gesto adusto y llevando una misiva en la mano. Lo siguió por el pasillo hasta que se dio de bruces con él. Otro miembro de su Compañía le había salido al paso y le empezó a soltar una retahíla de frases incomprensibles. Ingo se tenía a si mismo por un hobbit ilustrado, pero aquellos nombres, aquellos lugares que mencionaban, provocaban en su mente una sensación cercana al vértigo. Sin duda la Comarca era grande para un hobbit, y él nunca había traspasado sus fronteras, pero había visto mapas, había leído libros, y sabía perfectamente que el mundo más allá de las lindes de la Comarca era abrumador. En ese momento pensó que todo este asunto le venía grande, pero cuando oyó de boca del señor Akerbeltz que había dos cadáveres más, le invadió una súbita cólera ¡alguien o algo estaba mancillando su tierra, su Comarca! Y no estaba dispuesto a permitirlo. Ingo Sotomontoya llenó de aire sus pulmones, apretó los puños y de nuevo se sintió grande.

— Señor Akerbeltz — dijo Ingo — Como ya le dije antes, reitero mi total disposición y la de los escasos hombres que tengo al cargo en la labor de investigar quién hizo esto y dar castigo al culpable.
— Y yo le reitero las gracias, Oficial — En cuanto vuelvan mis hombres me pondrán al corriente de lo que han averiguado y podremos dar un perfil del sujeto que buscamos. 

Cuando terminó de hablar, Akerbeltz se metió en una de las salas que tenía a su disposición y cerró celosamente la puerta con el pestillo. Abrió la bolsa de viaje que portaba y cuidadosamente, extrajo un bulto envuelto en un suave paño. Lo colocó encima de una mesa que ocupaba el centro de la habitación y tirando de cada una de las esquinas ceremoniosamente desplegó el paño sobre ella dejando al descubierto una esfera de aspecto cristalino y de un color negro brillante. Al colocar una mano sobre ella en la esfera aparecieron unas vetas de color blanco lechoso que enseguida empezaron a girar alrededor de la piedra negra, difuminándose más a cada vuelta, hasta que la esfera quedó totalmente teñida de un color gris lechoso, como si de un cielo encapotado se tratase. Akerbeltz miró fijamente a la bola y le habló así: 

— Hola Llum... 
— Hola Aker, ¿en qué puedo ayudarte?
— Necesito cierta información. Busca en nuestra biblioteca cualquier documentación referente a la caída de un meteoro en la Comarca o alrededores.
— Me pondré con ello enseguida, ¿alguna información más?
— De momento no, Llum, pero sigue atenta porque los hechos se están desencadenando muy deprisa.

En el momento en que Aker salía de la habitación, llegaban a la Casa de los Oficiales Derwydd y Templeir, que comunicaron los resultados de sus pesquisas a ambos maiar. Baranduin se tomó su tiempo para comprobar meticulosamente que el pedazo de vestido que Derwydd había encontrado pertenecía a la primera víctima. No tuvieron que esperar mucho la llegada de Pk_Lugia e Ileanor. La pareja puso a los demás al corriente de sus hallazgos y a continuación se reunieron en una sala adjunta que el Oficial Sotomontoya había mandado preparar expresamente para la Compañía. Sobre una de las paredes habían desplegado un enorme mapa de la Comarca, donde podían verse unas marcas que señalaban el lugar donde habían sido encontradas las cuatro víctimas.

— Como véis, las víctimas ya ascienden a cuatro, me acaban de comunicar el hallazgo de un cadáver en el pantano de los Juncos esta mañana y otro, poco después, cerca de Nobotella... — dijo Aker, señalando el mapa. En él, las marcas se veían claramente alineadas trazando una recta que partía desde el centro de la Comarca hasta el noroeste.
— Mmm, vaya, se diría que nuestro sujeto va dejando un rastro de muerte huyendo de la Comarca — dijo Templeir aprovechando la pausa.
— Ambas víctimas — prosiguió Akerbeltz — según la información que me ha llegado, yacían también semienterradas. Lavanda Barranconejos, también hobbit cercana a la treintena que vivía en Ojo de Aguja, se hallaba semihundida en el fango del pantano de los Juncos, vestía ricamente y en su mano derecha lucía otro anillo del mismo material que los otros, que Baranduin ha identificado como galvorn. Por último, Caléndula Colinavieja, natural de Nobotella, hallada cubierta de piedras en una cantera cercana a su aldea. También corresponde al perfil de las otras víctimas, y llevaba otro anillo en la mano derecha. Trabajaba en una pequeña casa de huéspedes de Nobotella, cuyo dueño se llama Mildio Malaúva.   
— Es curioso, como ya he comentado con Pk_Lugia — dijo Ileanor — esa especie de ritual de cubrir el cadáver con tierra, paja, y ahora fango y rocas. En los dos casos examinados sabemos que el sujeto llevó a las víctimas hasta el lugar donde aparecieron, lo que denota cierta intención que todavía no sabemos. Puede que las llevara para ocultarlas o bien para satisfacer un deseo, es difícil saberlo aún, lo que si es cierto es que conocía la zona y dónde podía actuar sin ser visto.
— Y los vestidos... — añadió Pk — Según el informe de los Oficiales, pertenecían a las propias hobbits. Pero ningún familiar ha sabido explicar por qué lo llevaban puesto, cuando era un vestido que sólo lucían unas dos o tres ocasiones a lo largo del año.
— Por lo que hemos averiguado Templeir y yo, el sujeto es corpulento, capaz de llevar a una hobbit en brazos durante un trecho, ha intentado despistarnos calzando zapatones de metal, al estilo de los orcos, pero su forma de caminar lo delata. Es posible que se trate de un hobbit de la raza de los fuertes o bien un hombre de estatura media, no podemos determinarlo por ahora.
— En cuanto a los anillos, maese Baranduin...
— Hantalë, maese Akerbeltz, los anillos, o más bien su colocación en el cadáver son de lo más desconcertante, como podéis suponer, dado el extraordinario valor que tienen. No concibo ningún ser que aunque no supiere la naturaleza exacta de su origen y su preciado valor, no se sintiese atraído al menos vagamente por su belleza. Conocen ustedes el comportamiento que tienen algunas aves como las urracas, que se ven atraídas instintivamente hacia metales o piedras brillantes sin que ellas mismas tengan una mínima noción de su valor, haciendo acopio de este tipo de material en sus lugares de anidamiento. Pues bien, nuestro sujeto, ignorante o no de la fortuna que valen dichos anillos, obsequia a sus víctimas con ellos, antes de matarlas, quién sabe con qué razón o propósito. Tengo una teoría sobre ello pero debo madurarla más antes de dar más detalles. Iniciaré una pequeña investigación por mi cuenta, si no es inconveniente, maese Akerbeltz.
— Por supuesto que no, maese... y ahora debemos echar un vistazo a los lugares donde han aparecido los nuevos cuerpos, que están siendo traídos hasta aquí para que maese Baranduin los examine. Cabalgaréis hacia el noroeste. Derwydd y Templeir examinaréis el pantano, Pk e Ileanor, continuaréis el camino hasta Nobotella, quiero que interroguéis al dueño de la casa de huéspedes y que os dé un listado de todos los huéspedes que hayan pasado por su local en los últimos seis meses. Interrogad también a cualquiera que conociera a Caléndula. Y recordad, debemos proceder con la máxima cautela, las noticias corren como la pólvora en esta región, y en estos momentos toda la Cuaderna del Oeste debe estar enterada de estos sucesos. No queremos que se cree una alarma entre los hobbits, ni que nuestro sujeto escape de la Comarca, si todavía se encuentra en ella. El hallazgo de estos dos nuevos cuerpos va a retrasar nuestro perfil, el Oficial Sotomontoya lo comprenderá, pues no debemos precipitarnos. Cuanto recabemos los datos de vuestras pesquisas y reciba una información que he pedido a Llumdelest, estaremos en condiciones de crear un perfil. Partid, amigos, os quiero de vuelta antes que caiga la noche.

Continuará...


Mentes Criminales en la Comarca (Parte 1)