31 octubre 2014

Cuento de Halloween

Para celebrar Halloween, os presento un cuento de terror que escribí cuando formaba parte de Popomundo:

Érase una vez un cuento oscuro, tan oscuro que al encender las luces para tratar de leerlo, miles de murciélagos salían volando asustados de entre sus páginas...

Pero esa es otra historia, la que os voy a contar sólo trata sobre un dulce conejito. Un conejito que apareció de la nada, bueno, mejor dicho apareció del fondo de la chistera  de un mago que se dio a la fuga. El conejito se encontraba sólo y desamparado en un local... no de terror, sino de mala muerte. Fue mi pequeño hijo Troy quien lo encontró, mordisqueando un trocito de hierba entre sus dulces dientes. Lo recogió y lo llevó a casa. Cuando apareció por la puerta con el conejo en brazos me dio tanta lástima que acepté que se lo quedara. Le pusimos el nombre de Pk_Lugia. Era un conejo tan lindo que nos lo hubiéramos comido para cenar aquella noche...

Ahora lamento no haberlo hecho.

Todo comenzó a torcerse cuando faltaba un día para la ansiada fiesta de Halloween. Resulta que aún no le había comprado una máscara a mi hijo, así que decidí escaparme justo antes de un concierto con el fin de encontrar una, pero dada la proximidad del día, el artículo estaba agotado en todas las tiendas. Estaba desesperado y el concierto a punto de comenzar, cuando topé de morros con una tienda de segunda mano, medio escondida en un apartado callejón. No recuerdo cómo pude llegar allí, pero el caso es que entré dentro y quedé impresionado de la cantidad de cachivaches que allí se amontonaban. En aquél momento me hubiera gustado echarle un ojo más a fondo a todas aquellas antigüedades y coleccionables, pero el tiempo apremiaba.

Mientras trataba de sortear los innumerables artículos para llegar al mostrador, me salió al paso un viejecito de aspecto misterioso, como si se tratara de una más de esas antigüedades que por allí yacían. Cuando le dije que buscaba una máscara de Halloween, se quedó inmóvil y me miró fijamente, como si yo me encontrase a miles de kilómetros de él. Tuve que despertarle del trance, pues tenía mucha prisa, y entonces se dio la vuelta y desapareció por entre unas cortinas. Mi paciencia se estaba colmando y estaba a punto de rebosar cuando el viejecito volvió a hacer aparición con una caja en la mano. La abrió y me enseñó lo que contenía: era una hermosa máscara ricamente tallada en madera oscura y bellamente decorada con coloridos motivos. Realmente no era lo que buscaba, quería algo más simple, pero miré mi reloj y faltaban tan sólo unos minutos para mi concierto. Entonces me dije «qué demonios, no voy a encontrar ninguna a estas horas».

No lo sabía pero aquellas palabras iban a traer terribles consecuencias...

Pagué diligentemente al viejo una cantidad que me pareció muy pobre, en comparación con el trabajo que se podía ver reflejado en la máscara y salí volando del lugar. Llegué extenuado al local donde tocábamos, con algunos minutos de retraso, y la gente ya estaba algo exaltada por la espera. ¡Había que hacer un buen espectáculo esa noche o no saldríamos muy bien parados de allí! Así que hablé con Isleta, mi compañera de grupo, y le dije de cambiar un poco el guión: íbamos a invocar un demonio aquella noche, ya que mañana era Halloween, ¡a la gente aquello le iba a encantar! Además muchos de ellos ya iban disfrazados. Isleta trato de convencerme de no hacerlo, ¡aún no controlaba la habilidad del todo! Pero la suerte estaba echada. Había algo en la estancia que no me haría cambiar de opinión, es más, creo que algo me metió la idea de la invocación en la cabeza aquella noche... Y dicho y hecho, empezamos a tocar y el ambiente se fue caldeando hasta alcanzar una cota de frenesí como nunca antes habíamos conseguido. En medio de nuestra mejor canción, empecé a recitar uno de los conjuros que aparecían en el libro Ritual de Invocación, y, para dar mayor énfasis a la actuación, cogí la máscara que había comprado y la elevé entre mis brazos, haciendo que la multitud enloqueciera. Observé al público, bailando enfervorecido, vestidos con máscaras demoníacas, algunos medio desnudos, con las caras pintadas, y al fondo, una figura envuelta en una capa negra, lo observaba todo sin inmutarse, completamente inmóvil. En aquél momento no le presté demasiada importancia, supuse que no le gustaba demasiado el heavy metal.

Terminé el concierto en Ruskin Arms. ¡Fue la leche!

Al llegar a casa, agotados, Isleta y yo nos derrumbamos sobre la cama, no tuve fuerzas ni para llevar la máscara al cuarto de Troy, y quedó colgando de mi mano. Cuando desperté a la mañana siguiente, tenía un dolor de cabeza terrible. Empecé a recordar la noche anterior y noté que me faltaba algo. La máscara. No me preocupé demasiado, pensé que seguramente Troy se había despertado, había venido a nuestro cuarto, y al verla la había cogido, al fin y al cabo, la había comprado para él...
Me levanté y cubrí a Isleta con una manta para que siguiera durmiendo un poco más. Me lavé la cara y fui al cuarto de Troy. No estaba allí. Miré por el resto de habitaciones y tampoco estaba allí. Empecé a preocuparme. Entonces me acordé del día que era. Sonreí. Lo llamé, suavemente al principio, porque suponía que se estaba escondiendo para darme un susto con la máscara. Abrí cada armario que encontré con la esperanza de recibir el consabido susto, pero nada de eso ocurrió.

Llamé al servicio de habitaciones del hotel pero nadie contestaba. Bajé al vestíbulo y lo encontré desierto. Quemé el timbre de recepción de tanto usarlo. Aquello ya empezaba a ser desquiciante. No sabía que hacer, cuando de pronto oí gritar a Isleta. El corazón me dio un vuelco y noté como los grifos de la adrenalina se habían abierto en mis venas. Subí corriendo las escaleras de cinco en cinco hasta nuestra habitación en el tercer piso y lo que vi casi me hizo caer de rodillas.

Allí, en medio del pasillo, había un enorme y peludo ser de color blanco, de unos tres metros de altura, con enormes garras, afilados dientes y... orejas de conejo.

Tan cierto como que Melvin murió, es lo que os estoy contando, allí en medio de aquel pasillo de aquel hotel de mala muerte, estaba el conejo más monstruoso que nunca hubiera podido imaginar. Isleta estaba acorralada contra un rincón y entonces intenté llamar la atención del monstruo. Cuando se dio cuenta de mi presencia, vi su horrible cara. Era la viva imagen de la máscara que yo había comprado, vuelta a la vida. Reaccioné tan rápidamente como pude y corrí hacia el otro lado del pasillo, donde había una boca de incendios, y un hacha. Rompí el cristal y me armé con ella, aunque comparada con los afilados dientes de la bestia era como tratar de pescar ballenas con anzuelo y sedal.

Retrocedí por el corredor hasta quedar acorralado contra la ventana al final del pasillo, armado con el hacha, el conejo demoníaco se acercaba cada vez más a mí. Lancé unos cuantos hachazos al aire para tratar de intimidarlo, pero lo único que hacía era alimentar su hambre de mí. Le golpeé con todas mis fuerzas con el hacha y logré clavarla... en el suelo. Lo hice tan fuerte que no pude volver a sacarla, y el conejo estaba a punto de abalanzarse sobre mí.... entonces ocurrió algo inesperado. Una vocecilla gritó detrás de la bestia y la llamó por su nombre: ¡Pk_Lugia!

La bestia se quedó inmóvil y se dio la vuelta, para encarar a ese ser que le estaba llamando por su nombre. Era nada más ni menos que Troy, ¡sus primeras palabras! Y allí estaba Isleta, a su lado, con la manguera de incendios entre sus brazos, la mirada desafiante en su rostro, el viento ondeando su pelo rojo... «Prepárate a morir, conejito» fueron sus palabras. Y abrió la llave de la manguera, que soltó un gran chorro a toda potencia sobre la cara de la bestia. El monstruo retrocedió unos pasos causados por la sorpresa del ataque y hubiera recobrado la compostura, de no haber tropezado con el hacha que se hallaba clavada en el suelo, haciendo que la gran mole conejil perdiera el equilibrio y se estrellará contra la ventana, cayendo estrepitosamente a la calle entre una lluvia de agua y cristales.

Corrí a abrazar a Isleta y a Troy, y empapados, bajamos lentamente las escaleras hasta salir a la calle. Allí, sobre la acera, había un conejito blanco muerto, y a su lado, la dichosa máscara demoníaca. Cogimos el conejo y lo enterramos en el parque. En cuanto a la máscara, yo mismo la arrojé al río atada a una piedra. Ahora lo único que deseo es una vida tranquila, pero no puedo quitarme de la cabeza la idea de leer cualquier día en las noticias que un monstruoso pez marino ataca a los autobuses en la ruta Londres-Nueva York...

25 mayo 2014

El orgullo de ser un friki

Mucho se oye en los últimos tiempos la palabra friki, algunos años ha, de forma despectiva, hoy en día, parece que ser friki mola, lo friki está de moda. Lo cual es toda una contradicción.

Pero... ¿qué es un friki?


En nuestro país la gente está un tanto confusa con el término friki. "Antiguamente" (hace unos 5 años o así, nótense las comillas irónicas), el adjetivo friki era claramente despectivo. Para mucha gente, ser friki es sinónimo de bicho raro, alguien muy excéntrico, con un comportamiento y unos gustos que se alejan de lo habitual, de lo que gusta a la mayoría. En realidad esta definición es bastante acertada, puesto que el término friki deriva del inglés freak (bicho raro, estrafalario, fanático). Antiguamente (ahora sin comillas), con el termino freak se denominaba a aquellos "monstruos", personas con deformaciones, mujeres barbudas, y demás seres que se exhibían en las ferias o circos.

La otra acepción, fanático, es también bastante acertada, puesto que el friki es un fan obsesivo, no sólo le gusta algo sino que a veces lo convierte en el centro de su vida. El friki siempre ha sido un ente curioso, amante de la ciencia, siempre obsesionado con saber más, descubrir cosas nuevas, entender cómo funcionan o recopilar datos y más datos. Con el cambio de los tiempos, la aparición de la tecnología, el campo del saber se ha ampliado, el friki ha descubierto un nuevo campo de conocimiento, la informática, así es como se han ido mezclando los términos, diluyéndose incomprensiblemente en nuestro rico y variado idioma.

Hoy en día el término friki incluye a todo aquél obsesionado con uno o varios temas de la cultura pop, amante de la tecnología y de toda aquella novedad en ese campo. Hace 30 años, los frikis eran los empollones, esos tipos que salían en las películas americanas de estudiantes con gafas de pasta con el puente roto y unido con esparadrapo. Aquel empollón evolucionó a lo largo del tiempo, hoy en día el término friki engloba muchos términos que en países anglosajones corresponden a diversos estereotipos, como los geeks, los nerds, los freaks, trekkies, etc. Hoy en día, el término ya no tiene esa connotación negativa de antaño, ahora está de moda, paradójicamente, como ya resalté antes, ser friki. Por naturaleza el friki era considerado antisocial, y lo era, pero no era culpa suya, sino que se veía empujado a ser así, marginado por la gran mayoría de la sociedad con la que no compartía sus estrafalarios gustos.

Pero con la aparición de internet, la cosa cambió. Primero surgieron las listas de correo, el chat por irc, los foros, más tarde las redes sociales terminaron por popularizar las relaciones entre personas a través de internet... todo ello propició un acercamiento entre todos esos individuos incomprendidos y solitarios que compartían unos gustos ajenos a la gran masa. Y se descubrió que no eran pocos. Que el mundo estaba lleno de frikis que estaban agazapados esperando la ocasión de conquistar el mundo.

Y así, nos encontramos con que a día de hoy, ser geek, ser friki, mola, es motivo de orgullo. Ahora hay incluso un día para festejarlo. Hay a quien esto le gusta, por fin se siente con ánimo para "salir del armario friki" (no, no me refiero al de Narnia) y hay a quien esto le disgusta. En el fondo se siente como si le hubieran arrebatado un mundo que era suyo y lo tenía escondido para uso y disfrute particular. Yo, en el fondo, también me siento así.

13 febrero 2014

Mentes Criminales en la Comarca (Parte 2)

Ingo Sotomontoya en Mentes Criminales de la Comarca
Ingo Sotomontoya era un hobbit bastante alto y fuerte para ser un hobbit. Todavía era un jovencillo que apenas había sobrepasado la veintena durante los acontecimientos de la Guerra del Anillo, aún así, participó activamente durante el Acantonamiento de la Comarca. Su valor y su dedicación le hicieron valedor de ser uno de los primeros Oficiales nombrados tras la guerra por el Thain Peregrin. Aunque las Casas de los Oficiales que se habían construido para ampliar el Cuerpo de Policía durante la estancia de Zarquino en la Comarca fueron derruidas en su mayoría, algunas de ellas se conservaron, y el Cuerpo continuó trabajando durante los pacíficos años que se sucedieron al Saneamiento, para continuar con la labor habitual de la Policía antes de la Guerra, que bien se podía resumir en mediar en disputas de granjeros que habían bebido demasiada cerveza en el Dragón Verde o que no se ponían de acuerdo sobre las lindes de su terreno.

Hasta los sucesos que tuvieron lugar en el inicio del año 14 de la Cuarta Edad, que movilizaron a la compañía de Fumadores de Bree Ilustres.

El Oficial Sotomontoya había sido quien había dado el aviso a Akerbeltz, y se encontraba hablando con él cuando llegó un jinete al galope y se detuvo frente a la Casa de los Oficiales. Siguió como pudo las grandes zancadas que daba el extraño ser cornamentado y apenas pudo apartarse a tiempo de su paso cuando volvió a entrar con gesto adusto y llevando una misiva en la mano. Lo siguió por el pasillo hasta que se dio de bruces con él. Otro miembro de su Compañía le había salido al paso y le empezó a soltar una retahíla de frases incomprensibles. Ingo se tenía a si mismo por un hobbit ilustrado, pero aquellos nombres, aquellos lugares que mencionaban, provocaban en su mente una sensación cercana al vértigo. Sin duda la Comarca era grande para un hobbit, y él nunca había traspasado sus fronteras, pero había visto mapas, había leído libros, y sabía perfectamente que el mundo más allá de las lindes de la Comarca era abrumador. En ese momento pensó que todo este asunto le venía grande, pero cuando oyó de boca del señor Akerbeltz que había dos cadáveres más, le invadió una súbita cólera ¡alguien o algo estaba mancillando su tierra, su Comarca! Y no estaba dispuesto a permitirlo. Ingo Sotomontoya llenó de aire sus pulmones, apretó los puños y de nuevo se sintió grande.

— Señor Akerbeltz — dijo Ingo — Como ya le dije antes, reitero mi total disposición y la de los escasos hombres que tengo al cargo en la labor de investigar quién hizo esto y dar castigo al culpable.
— Y yo le reitero las gracias, Oficial — En cuanto vuelvan mis hombres me pondrán al corriente de lo que han averiguado y podremos dar un perfil del sujeto que buscamos. 

Cuando terminó de hablar, Akerbeltz se metió en una de las salas que tenía a su disposición y cerró celosamente la puerta con el pestillo. Abrió la bolsa de viaje que portaba y cuidadosamente, extrajo un bulto envuelto en un suave paño. Lo colocó encima de una mesa que ocupaba el centro de la habitación y tirando de cada una de las esquinas ceremoniosamente desplegó el paño sobre ella dejando al descubierto una esfera de aspecto cristalino y de un color negro brillante. Al colocar una mano sobre ella en la esfera aparecieron unas vetas de color blanco lechoso que enseguida empezaron a girar alrededor de la piedra negra, difuminándose más a cada vuelta, hasta que la esfera quedó totalmente teñida de un color gris lechoso, como si de un cielo encapotado se tratase. Akerbeltz miró fijamente a la bola y le habló así: 

— Hola Llum... 
— Hola Aker, ¿en qué puedo ayudarte?
— Necesito cierta información. Busca en nuestra biblioteca cualquier documentación referente a la caída de un meteoro en la Comarca o alrededores.
— Me pondré con ello enseguida, ¿alguna información más?
— De momento no, Llum, pero sigue atenta porque los hechos se están desencadenando muy deprisa.

En el momento en que Aker salía de la habitación, llegaban a la Casa de los Oficiales Derwydd y Templeir, que comunicaron los resultados de sus pesquisas a ambos maiar. Baranduin se tomó su tiempo para comprobar meticulosamente que el pedazo de vestido que Derwydd había encontrado pertenecía a la primera víctima. No tuvieron que esperar mucho la llegada de Pk_Lugia e Ileanor. La pareja puso a los demás al corriente de sus hallazgos y a continuación se reunieron en una sala adjunta que el Oficial Sotomontoya había mandado preparar expresamente para la Compañía. Sobre una de las paredes habían desplegado un enorme mapa de la Comarca, donde podían verse unas marcas que señalaban el lugar donde habían sido encontradas las cuatro víctimas.

— Como véis, las víctimas ya ascienden a cuatro, me acaban de comunicar el hallazgo de un cadáver en el pantano de los Juncos esta mañana y otro, poco después, cerca de Nobotella... — dijo Aker, señalando el mapa. En él, las marcas se veían claramente alineadas trazando una recta que partía desde el centro de la Comarca hasta el noroeste.
— Mmm, vaya, se diría que nuestro sujeto va dejando un rastro de muerte huyendo de la Comarca — dijo Templeir aprovechando la pausa.
— Ambas víctimas — prosiguió Akerbeltz — según la información que me ha llegado, yacían también semienterradas. Lavanda Barranconejos, también hobbit cercana a la treintena que vivía en Ojo de Aguja, se hallaba semihundida en el fango del pantano de los Juncos, vestía ricamente y en su mano derecha lucía otro anillo del mismo material que los otros, que Baranduin ha identificado como galvorn. Por último, Caléndula Colinavieja, natural de Nobotella, hallada cubierta de piedras en una cantera cercana a su aldea. También corresponde al perfil de las otras víctimas, y llevaba otro anillo en la mano derecha. Trabajaba en una pequeña casa de huéspedes de Nobotella, cuyo dueño se llama Mildio Malaúva.   
— Es curioso, como ya he comentado con Pk_Lugia — dijo Ileanor — esa especie de ritual de cubrir el cadáver con tierra, paja, y ahora fango y rocas. En los dos casos examinados sabemos que el sujeto llevó a las víctimas hasta el lugar donde aparecieron, lo que denota cierta intención que todavía no sabemos. Puede que las llevara para ocultarlas o bien para satisfacer un deseo, es difícil saberlo aún, lo que si es cierto es que conocía la zona y dónde podía actuar sin ser visto.
— Y los vestidos... — añadió Pk — Según el informe de los Oficiales, pertenecían a las propias hobbits. Pero ningún familiar ha sabido explicar por qué lo llevaban puesto, cuando era un vestido que sólo lucían unas dos o tres ocasiones a lo largo del año.
— Por lo que hemos averiguado Templeir y yo, el sujeto es corpulento, capaz de llevar a una hobbit en brazos durante un trecho, ha intentado despistarnos calzando zapatones de metal, al estilo de los orcos, pero su forma de caminar lo delata. Es posible que se trate de un hobbit de la raza de los fuertes o bien un hombre de estatura media, no podemos determinarlo por ahora.
— En cuanto a los anillos, maese Baranduin...
— Hantalë, maese Akerbeltz, los anillos, o más bien su colocación en el cadáver son de lo más desconcertante, como podéis suponer, dado el extraordinario valor que tienen. No concibo ningún ser que aunque no supiere la naturaleza exacta de su origen y su preciado valor, no se sintiese atraído al menos vagamente por su belleza. Conocen ustedes el comportamiento que tienen algunas aves como las urracas, que se ven atraídas instintivamente hacia metales o piedras brillantes sin que ellas mismas tengan una mínima noción de su valor, haciendo acopio de este tipo de material en sus lugares de anidamiento. Pues bien, nuestro sujeto, ignorante o no de la fortuna que valen dichos anillos, obsequia a sus víctimas con ellos, antes de matarlas, quién sabe con qué razón o propósito. Tengo una teoría sobre ello pero debo madurarla más antes de dar más detalles. Iniciaré una pequeña investigación por mi cuenta, si no es inconveniente, maese Akerbeltz.
— Por supuesto que no, maese... y ahora debemos echar un vistazo a los lugares donde han aparecido los nuevos cuerpos, que están siendo traídos hasta aquí para que maese Baranduin los examine. Cabalgaréis hacia el noroeste. Derwydd y Templeir examinaréis el pantano, Pk e Ileanor, continuaréis el camino hasta Nobotella, quiero que interroguéis al dueño de la casa de huéspedes y que os dé un listado de todos los huéspedes que hayan pasado por su local en los últimos seis meses. Interrogad también a cualquiera que conociera a Caléndula. Y recordad, debemos proceder con la máxima cautela, las noticias corren como la pólvora en esta región, y en estos momentos toda la Cuaderna del Oeste debe estar enterada de estos sucesos. No queremos que se cree una alarma entre los hobbits, ni que nuestro sujeto escape de la Comarca, si todavía se encuentra en ella. El hallazgo de estos dos nuevos cuerpos va a retrasar nuestro perfil, el Oficial Sotomontoya lo comprenderá, pues no debemos precipitarnos. Cuanto recabemos los datos de vuestras pesquisas y reciba una información que he pedido a Llumdelest, estaremos en condiciones de crear un perfil. Partid, amigos, os quiero de vuelta antes que caiga la noche.

Continuará...


Mentes Criminales en la Comarca (Parte 1)

19 enero 2014

Mentes Criminales en la Comarca (Parte 1)


Humberto Bridagorda se dirigía temprano a trabajar, cuando el sol arañaba con sus largos dedos luminosos el borde de las lejanas montañas del este. Desató a Morgan, su enorme buey y le colocó los arneses. Luego empezó a labrar el campo con parsimonía, mientras las primeras luces inundaban y teñían su campo de ocre. Un destello en uno de los surcos recién arados llamó su atención cuando volvía la vista hacia atrás. Paró a la bestia y se dirigió a ver qué era aquello que brillaba en su terreno. Apenas tuvo tiempo de dar dos pasos cuando se desmayó y quedó tendido junto a su buey favorito. Cerca de ellos, apuntaba hacia el cielo una hermosa mano, saliendo de la tierra recientemente herida, que lucía en uno de sus dedos un hermoso anillo que despedía mil fulgores en la mañana incipiente. Morgan se volvió hacia su amo y empezó a darle lametones en la cara.



Akerbeltz se encontraba al final de una larga pipa, sentado en una de las sillas de la biblioteca de la posada del señor Mantecona, donde la compañía de Fumadores de Bree Ilustres tenía su sede, observando cómo Llumdelest, la Custodia de los Anales, colocaba unos dibujos sobre un panel de corcho apoyado en una de las paredes, cuando entraron los demás. Derwydd, el primero, saludó a Akerbeltz con un movimiento de cabeza y se sentó en una silla al extremo de la mesa, con semblante serio. Tras él entraron Baranduin, Ileanor, Pk_Lugia y Templeir, que rápidamente ocuparon sus asientos alrededor de la larga mesa, también, con el semblante serio. Akerbeltz miró a cada uno de ellos y tomó la palabra sin más preámbulos:

— Buenos días, gracias por acudir con presteza a la llamada del Cuerno, a continuación Llumdelest os pondrá al corriente del suceso. Llum, por favor...
— Gracias, Aker — dijo Llum — Amatista Peñaclara, como podéis suponer por el nombre, una hobbit de la Comarca, de edad cercana a los 30, apareció ayer por la mañana semienterrada en el campo de un granjero de Delagua. Presentaba varias contusiones, una de las cuales le produjo la muerte, y como podéis observar en los dibujos del panel, estaba vestida como para acudir a una fiesta. No hubo agresión sexual y en su mano derecha portaba un lujoso anillo que al parecer no era suyo. Ambos maridos nos han confirmado este...

— ¿Ambos? — interrumpió Baranduin.
— Eeeh... sí, no había terminado de contaros que hay otra víctima, descubierta por la tarde. Se llamaba Petunia Astalavista, que había superado la veintena hace una década. La encontraron ataviada de la misma manera, enterrada en un pajar de Hobbiton, lucía también una sortija que no se correspondía con su nivel social. También la habían golpeado. Tenéis más detalles y dibujos del anillo en las hojas que os he dejado encima de la mesa.
— Esto no parece cosa de orcos — concluyó Derwydd examinando los dibujos. Parece que nuestro sujeto está especializado en mujeres hobbit.
— Desde luego, ni siquiera un orco podría simular que no ha sido un orco... — contestó Templeir.
— El anillo es su firma, sin lugar a dudas, ¿se sabe su procedencia? — dijo Ileanor
— Tendría que examinarlo de cerca, pero parece de naturaleza élfica, quizá fabricado en Gondolin, durante la Segunda Edad — dijo Baran.
— Es extraño lo del vestido — dijo Pk — muy pocas veces una hobbit se viste de esa manera, salvo en los días de Yulë, que han pasado recientemente.
Sea como sea, esto sólo parece el principio — contestó Aker — Preparad vuestros caballos, salimos hacia la Comarca en media hora.



Gandalf dijo: «Muchos de los que viven merecen morir y algunos de los que mueren merecen la vida. ¿Puedes devolver la vida? Entonces no te apresures a dispensar la muerte, pues ni el más sabio conoce el fin de todos los caminos.»


La Compañía llegó a la posada de Delagua a media mañana, justo a tiempo para la Asamblea de la Comarca, presidida por el Thain Peregrin. Antes de desmontar, Aker se dirigió al grupo y comenzó a dar órdenes.

— Pk_Lugia, Ileanor, no desmontéis, vosotros continuad el camino hasta Hobbiton, para examinar el escenario de la segunda víctima. Derwydd, Templeir, id al campo donde apareció la primera víctima a ver qué podéis averiguar. Maese Baranduin, necesito que acudáis a la recién reconstruida Casa de los Oficiales donde custodian los cuerpos para examinar detenidamente esos anillos. Yo iré con vos para saludar al Oficial y luego me presentaré al Thain. Sed discretos, a los hobbits de la Comarca no les agrada demasiado la Gente Grande. Nos reuniremos a mediodía en la Casa de la Guardia donde nos han habilitado una sala especial.

Pk_Lugia e Ileanor se despidieron y siguieron adelante por el camino atravesando Delagua, hasta llegar a Hobbiton, donde fueron recibidos por la mirada adusta de algunos de los vecinos con los cuales se cruzaban. Siguiendo las indicaciones de algunos amables hobbits, llegaron al granero del señor Astalavista, que se encontraba bastante apesadumbrado y acompañado de familiares y amigos. Ileanor y Pk le dieron sus condolencias y cuando se hubo serenado, el hobbit les indicó el lugar donde había encontrado a su mujer, y les dejó solos. Los dos miembros de la Compañía examinaron minuciosamente el lugar mientras extraían algunas conclusiones.

— ¿Ven tus hermosos ojos de elfa lo mismo que yo, Ileanor?
— Si te refieres al rastro dejado en la paja hasta el lugar donde apareció, sí, y mira, el rastro continúa hasta el exterior — Ileanor y Pk siguieron las marcas en el suelo hasta terminar bajo un almendro, situado en el exterior del granero.
— Sin duda, fue golpeada aquí y arrastrada hasta el interior. Pero no hay rastro de ningún objeto contundente que haya podido usar el sujeto.
— No, y el hecho de llevarla dentro indica que necesitaba tomarse su tiempo para su ritual, lejos de cualquier testigo que pasase por el camino.
— La enterró en la paja, al igual que la primera víctima, que estaba enterrada en la tierra, puede que sienta remordimiento o tal vez simbolice algún tipo de rito religioso...

Mientras tanto, en el campo del granjero Bridagorda, en Delagua...

— Cualquier pista que pudiera haber aquí ha sido destruida por la bestia de carga del granjero, Temp — dijo Derwydd, que se encontraba de cuclillas sobre el terreno.
— Eso parece. No sacaremos mucho en claro aquí...
— No obstante, fíjate en los límites del terreno...
— Está rodeado por una alta cerca, eso significa que sólo hay un sitio por el que tuvo que pasar forzosamente, la...
— ...puerta. Efectivamente. Vayamos hacia allí.

Caminaron lentamente, por delante Templeir, inspeccionando el suelo cuidadosamente, pues como montaraz que era, sabía leer perfectamente cada surco o brizna de hierba del suelo como si se tratase de un libro. Así llegaron por fin a la puerta.

— El suelo está lleno de pisadas, pero puedo distinguir unas huellas grandes que no pertenecen a un hobbit. Llevaba zapatones de orco, pero no era un orco, las pisadas son rectas y los orcos son característicos por su forma de caminar patizamba. Fíjate Der, las huellas que van hacia el campo son más profundas que las que vuelven. Está claro que portaba un peso cuando entró, pero no al salir.
— Mira qué tenemos aquí... Temp — dijo Derwydd agachándose junto a la puerta. — Hay un trocito de tela enganchado a un clavo que sobresale del resquicio de la puerta. Compararemos esta muestra con el vestido que llevaba la víctima, aunque a juzgar por los dibujos, creo que es el mismo. Puedo afirmar sin lugar a dudas que el sujeto la trajo aquí desde otro lugar, seguramente para poder enterrarla sin que nadie le molestase. Rápido, volvamos a la Casa de los Oficiales.

A algunos cientos de metros, en la Casa de los Oficiales, Baranduin, con la pericia que le caracterizaba, examinaba con ayuda de una lente los anillos recuperados de los cadáveres de las hobbits. Akerbeltz hablaba todavía con el Oficial cuando llegó un jinete a toda velocidad y se detuvo frente a la puerta.

— ¡Traigo una carta urgente para el señor Akerbeltz!

Aker la recogió, la leyó y entró rápidamente en la Casa de los Oficiales, en busca de Baranduin. Éste le salió al paso...

— ...he examinado los anillos en profundidad y, como supuse, ambos anillos fueron forjados en Gondolin, la Ciudad Escondida, nada más y nada menos que por Maeglin, hijo de Eöl, el Elfo Obscuro. Están compuestos por una aleación de plata élfica y una pequeña cantidad del metal obscuro conocido como galvorn...
— ¿Galvorn?¿El metal que cayó del cielo?
— Exactamente, el mismo material con el que se forjó la espada Anglachel, y aunque la proporción en los anillos es ínfima, es suficiente como para apreciar un brillo como de fuego pálido en sus bordes. Se decía que Anglachel poseía vida propia, y que podía arrebatar la vida de su dueño. En el caso que nos ocupa, deberíamos evitar que esto saliese a la luz, los hobbits son muy dados a supersticiones y habladurías, y es posible que tuviésemos una avalancha de medianos trayéndonos todo tipo de anillos para examinar. Ah, y por último, la presencia de estos anillos es doblemente extraña, primero porque es impensable que estas joyas hayan llegado a parar a este bucólico rincón del mundo, y segundo, porque es extraño que el asesino colocase a sus víctimas un anillo que vale una fortuna, estamos hablando de que con dos anillos como éstos... ¡podríamos comprar media Comarca!
— Me temo que ahora podremos comprar la Comarca entera — dijo Aker muy serio, y le enseñó la carta que acababa de recibir.


15 enero 2014

Una película para el recuerdo: Matar un Ruiseñor

Matar un Ruiseñor (1962, To Kill a Mockingbird)
Director: Robert Mulligan
Guión: Horton Foote (Novela: Harper Lee)
Música: Elmer Bernstein
Fotografía: Russell Harlan
Reparto: Gregory Peck, Mary Badham, Brock Peters, Phillip Alford, John Megna, Frank Overton, Rosemary Murphy, Robert Duvall


Esta historia, basada en una novela de Harper Lee, trata principalmente sobre el tema del racismo durante la década de 1930, los años de la Gran Depresión, y para ello nos sumerge en el modo de vida de una sencilla población sureña donde habita Atticus Finch, un abogado que toma la difícil decisión de defender a un negro acusado de violar a una chica blanca. Esta decisión marcará los acontecimientos que se desarrollan a lo largo de la película, en la que toman también protagonismo los hijos de Atticus, Jem y Scoutt. Los niños, huérfanos de madre, y ajenos al mundo que pertenece a los adultos, disfrutan de sus vivencias y juegos descubriendo personajes misteriosos que no se dejan ver, personas malas que hacen cosas malas, o personas buenas que hacen cosas malas, y sobretodo personas buenas que hacen cosas buenas. Todo ello visto desde su inocente perspectiva infantil, y de esa manera van creciendo interiormente, madurando y descubriendo que existen unos valores que hay que salvaguardar, y nadie mejor que su ejemplar padre, Atticus, para enseñarles a hacerlo.


De esta forma, se nos plantean dos temas, por un lado el sentimiento de racismo de la sociedad americana de esa época, en la cual sólo una minoría toma parte en favor de los negros y sus derechos, mientras que la gran mayoría los detesta y los degrada tratándolos como una raza inferior. En el centro de ese huracán se encuentra Atticus Finch, que sabiendo los riesgos que su decisión conlleva para su integridad física y la de su sus hijos, no cede a sus principios y trata de hacer lo imposible en una batalla que sabe perdida de antemano.

El otro tema sería el paso de la infancia a la madurez, la pérdida de la inocencia de los niños y su toma de conciencia para con el mundo que les rodea y la sociedad que les ha tocado vivir. Afortunadamente, como mencioné antes, no pueden tener mejor guía y consejo que el de su padre, un hombre sin tacha, parco en palabras, pero decidido, con un toque melancolico quizá por la añoranza que siente por su fallecida esposa, que ama a sus hijos por encima de todo, y que no dudará, llegado el caso, en mirar a otro lado para no matar un ruiseñor.





Sería difícil elegir una única escena de esta obra maestra porque cada fotograma está lleno de pasión y buen hacer fílmico. La película está embebida de una sensibilidad tal que abruma, sin llegar a niveles de ñoñería al que nos tienen acostumbradas las comedias románticas actuales. Cada escena encaja perfectamente y nos descubre un nuevo matiz, una nueva experiencia que va enriqueciendo el mundo de Jem y Scoutt. Sería muy difícil elegir una única escena porque de elegirla, elegiría una que no podría contar. No seré yo quien os estropee el final. En cambio, me quedaré con otra, también muy emotiva, cercano al final, en la que Scoutt convence a su padre de que no cometa el pecado de matar un ruiseñor.



Llegados a este punto creo que no hace falta explicar los motivos por los cuales he elegido esta película, tan sólo añadir que causó en mí una gran impresión la primera vez que la vi, que descubrí lo que era el cine con mayúsculas, hacer cine con cariño, con la única pretensión de hacernos sentir emociones, y no un simple afán recaudatorio. Esta impresión que sentí la primera vez, la sigo sintiendo cada vez que visiono de nuevo esta gran obra maestra, y eso es algo que hoy en día es difícil de conseguir.

10 enero 2014

Juegos Android para la Tercera Edad


Buscando ideas para un regalo de Navidad de una señora mayor que tenemos en casa, pensamos que eso de las colonias estaba muy visto, y dijimos... ¿por qué no un gadget? Hace algún tiempo tuvimos la ocasión de tener el iPad de una amiga en casa para instalarle algunas cosillas y vimos que el manejo era bastante intuitivo y que a ella parecía gustarle. Eru me libre de comprarle un iPad a una señora mayor, no vaya a convertirlo en una tabla de cortar cebolla de 800 €, pero se me quedó grabado a fuego la idea de utilizarlo de forma didáctica, para que ejercitase un poco la memoria, que a esas edades ya comienza a fallar. Puesto que otrora se entretenía la buena mujer haciendo sopas de letras y pasatiempos, hoy en día no tiene la vista tan aguda y es complicado encontrar pasatiempos de letras enormes. Así que pensé que en una tablet no encontraría ese problema y habría multitud de juegos en el market adaptados a todo tipo de personas. Pensé que era una buena opción para que practicase con juegos de memoria y pasatiempos varios.


Así que manos a la obra, lo primero era encontrar una tablet que cumpliese los siguientes requisitos:

1. Pantalla grande, de 10' como mínimo.
2. Que fuera barata no, lo siguiente, fijando un presupuesto de unos 100 €
3. Que fuera Android, aunque claro, fijando un presupuesto de 100€ no quedaba otra opción, jeje.

Bueno, dicho y hecho, me puse a buscar en varios sitios hasta obtener una pequeña lista de candidatas.

Al final, el tiempo apremiaba, y fuimos a lo seguro y a toquitear tablets, y después de mirar en varios comercios, encontramos algo asequible en el Carreful y compramos una Wolder MiTab Epsilon por 149€, que no es una maravilla pero cumple con creces el cometido.

El paso siguiente era encontrar aplicaciones para ejercitar la mente, la memoria, etc. Los requisitos en este caso eran que las aplicaciones, si es posible, debían ser gratis, en castellano o que no requieran ningún idioma, que fuesen aptas para una visión muy pobre, con letras o dibujos bien definidos y con alto contraste. Que no presentasen una dificultad demasiado exponencial, es decir, que se vaya complicando el juego, pero muy lentamente, que tenga una curva de aprendizaje poco pronunciada. Y he aquí que me encontré con la mayor dificultad, y la razón de escribir este post, ya que no pude encontrar ningún sitio donde encontrar un listado de aquello que buscaba. Así que me puse manos a la obra y empecé a recopilar aplicaciones que satisficiesen mis objetivos. He aquí mi listado de juegos aptos para la Tercera Edad.

Juegos con palabras

Como a nuestra señora mayor le gustan mucho las sopas de letras lo primero era buscar una aplicación de este tipo que cumpliese los requisitos. Después de probar varias, creo que hay un ganador indiscutible: Sopa de Letras Último, un juego perfecto porque es totalmente configurable, es decir, puedes elegir cuántas filas y columnas, cuántas palabras, de cuántas letras están formadas, si están colocadas en diagonal, al revés, el tamaño de letra... vamos, que he comprado la versión sin publicidad sin pensarlo, porque esta aplicación lo merece. Mirando el autor, Havos Ltd, descubrí que también tenía otros juegos, totalmente configurables, y descargué otro llamado Palabras Cruzadas, muy bueno. También recomiendo Palabras domino y Anagrama.

Juegos con números

Como ex-poseedora de una tienda de chuches, nuestra señora mayor estaba acostumbrada a hacer cálculos rápidos, cosa que al jubilarse ha ido perdiendo. Para volver a potenciar esta habilidad he probado varias aplicaciones para practicar sumas, restas, etc, y he decidido quedarme con estas dos: AB Math mates para niños y Math Attack.

Puzzles y rompecabezas

En cuanto a puzzles y rompecabezas, la oferta es muy amplia y podrían entrar variados juegos. Me han gustado mucho Rompecabezas Jigty, que permite personalizar el tablero, Juego realmente fresco, una versión sencilla del clásico tangram con piezas de tetris y el increíble Jigsaw Puzzles que te permite construir puzzles con imágenes de tu galería o bajadas de internet. Por último el clásico juego de llevar la bolita por un laberinto hasta el final, usando el acelerómetro. Se llama Juego laberinto niños.

Juegos de Memoria, Atención y Reflejos

Para ejercitar la memoria, algunos juegos de parejas realmente sencillos, como MemoryAnimals Memory Game. Otros más complejos que incluyen varios juegos reunidos, como Entrena tu memoria y Test de velocidad y reflejos. En Puzzle Reflejos debemos mover la ficha central para impedir que las otras la toquen, un juego que requiere cierta habilidad. 

Juegos con imágenes

Algunos juegos de carácter más visual, son aquellos donde debes encontrar las diferencias, os propongo Find It! y Encuentra las diferencias. Un juego que es relativamente popular y original es 4 fotos 1 palabra, que consiste en adivinar el concepto que tienen en común 4 fotografías que van surgiendo en cada nivel. 

Diversión a tope

Y ya para relajarnos y divertirnos un poco liberando adrenalina pero eso sí, sin dejar de darle al coco, os propongo el archiconocido Angry Birds, juego sencillo a más no poder y que a nuestra señora mayor le ha resultado bastante entretenido. Flow free es otro de esos juegos que no puedes parar de jugar, adictivo y divertido. 

Para terminar incluyo un par de juegos (en realidad son 2 partes) que no puedo clasificar en ninguna categoría porque pertenecen un poco a todas. GameKids es un compendio de juegos muy fáciles, en principio dirigidos a niños pero que harán la delicia de nuestros mayores. Incluye juegos de acción, así como puzzles, rompecabezas, juegos de memoria y de habilidad. Su segunda parte, GameKids2 incluye más juegos de este tipo.

Aspecto final del escritorio de la tablet

Bueno, sólo decir que cada abuelo o abuela son únicos y diferentes, con sus puntos fuertes y/o debilidades, y tan sólo se trata de que se diviertan y a la vez ejerciten sus capacidades perdidas, para evitar que se pierdan del todo. Tened mucha paciencia con vuestros mayores porque cualquier juego que a nosotros nos parece muy fácil, a ellos les puede costar un poquito más. Mucha paciencia, amigos ;)